Historia de Juan Chipoco
El sueño americano de Juan
Chipoco se cocinó con limones, ajíes, cancha chulpi y papas amarillas. No
lo habría imaginado así jamás; no cuando lo dejó todo en 1993 para buscarse la
vida en una tierra llena de maravillas y oportunidades conocida
como Miami. El Perú no era entonces un lugar para idealistas, y Juan
Chipoco tenía apetito por más: necesitaba alimentar sus pasiones y dar rienda
suelta a la creatividad, que había sido su mejor herramienta desde que era
pequeño. Lima estaba lejos de ser la capital gastronómica de Sudamérica, así que
lejos es que él debió partir.
Una tía –que había visto solo en
fotos– lo recogió del aeropuerto y lo hospedó los primeros días. Al tiempo,
Juan se mudó a un departamento con cinco amigos. “Mi primer trabajo fue lavando
platos en un restaurante chino. Luego entré a otro local de comida china,
pero esta vez era de una familia peruana. Se llamaba El Chifa y era
un referente en Miami en esa época”, recuerda Chipoco. Los dueños de aquel
espacio supieron ver sus cualidades en la cocina y así Juan se convirtió en
mano derecha del chef.
Aprendió muchísimo, pero aún no
era el momento de lanzarse al rubro gastronómico. Juan debía seguir trabajando
para realizar el plan que había diseñado y que día a día se hacía más grande,
más ambicioso. Fue personal trainer (aún entrena todos los días, de 5
a 7 a.m.) y nutricionista.
Pero él quería cocinar, tener un
título que no solo lo permitiese, sino le diese también las credenciales. Una
vez que su situación legal en Estados Unidos se solucionó, volvió a Lima para
estudiar. Era el 2007 y Juan Chipoco no era el mismo: había probado a qué sabe
el mundo.
FIESTA EN AMÉRICA
Corte de cinta inaugural. Modelos
con maquillaje en homenaje al dios Sol recibiendo a invitados y famosos.
Prensa, influencers, amigos, foodies. La música de DJ se alterna con
quenas y arpa. Todo –o casi todo– en dorado. Fotos, libros, recuerdos familiares
y personales. Así fue la inauguración de INTI.MO, la propuesta –acorde al
nombre– más íntima, cercana, de Juan Chipoco. El otro lado de la moneda está
en CVI.CHE, la línea de restaurantes marinos –ya lleva tres locales: en
Aventura Mall, South Beach y el downtown de Miami– que
empezó hace una década una vez que se graduó como chef. “CVI.CHE” fue
un boom: unas 1.500 personas cada jornada son las que visitan el espacio de
comida marina que lleva al Perú como sello de calidad.
En INTI.MO solo entran 75 comensales. Juan quería salir de su zona de
confort. No importa de dónde vengan los triunfos, insiste. Lo que importa es el
reto.
Juan empieza sus días muy
temprano, no solo para continuar con su entrenamiento, sino también porque
tiene dos niños pequeños. Cada jornada, religiosamente, recorre todos los
locales para ver que las cosas funcionen. Cada dos o tres meses, todavía recibe
la visita de su madre.


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